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06 de Noviembre de 2018
10 consejos para poner más dulce a nuestras vidas sin azúcar

En estos últimos años el consumo de azúcares refinados se ha incrementado. Incluso cuando decidimos no tomar azúcar, todavía lo encontramos enmascarado en toda clase de productos del mercado.

 

Nuestro organismo necesita carbohidratos de los que pueda extraer finalmente glucosa. Esta glucosa es el combustible propio de los músculos en funcionamiento y sobre todo del cerebro. Pero para que todas estas funciones se desarrollen normalmente no necesariamente debe consumirse azúcar refinado ya que la glucosa se obtiene sin dificultad de los glucidos contenidos en los cereales, verduras y frutas.

 

 

 

 

 

UNOS EFECTOS POCO DESEABLES

El azúcar es un producto que si bien es un aporte de calorías rápidas, puede generar diversos desequilibrios  metabólicos:

 

·       Genera una dependencia.

·       Acidificación de la sangre, debilita el Sistema Inmunitario.

·       Calorías vacías: obesidad, diabetes...

·       Desmineralización en general: caries, huesos débiles, osteoporosis.

·       En 15 minutos aumenta: pulso, presión sanguínea, función renal.

·       Produce: estado de euforia, estado depresivo, deterioro de la energía vital.

·       Se utiliza como “tapa” para conflictos a otros niveles.

 

 

CONSEJOS PARA UNA VIDA MÁS DULCE

 

1.     Sabor dulce no significa postres. Hay que generarlo en todos los platos, desde la sopa, al primer plato y al segundo.

 

2.     El uso de cremas dulces de verduras, nos dará la energía de relax y sosiego que necesitamos después de un día ajetreado y con stress.

 

3.     Utilizar buena calidad de cereales integrales, especialmente cereales integrales completos. Cocinados cuidadosamente con tiempo y llama baja. Los cereales integrales son carbohidratos, los cuales al masticarlos y mezclarlos con la tialina de la saliva, se convierte en azucares, glucosa de buena calidad.

 

 

4.     Utilizar leguminosas, cocinadas con tiempo y con verduras dulces (de raíz y redondas). Tanto los cereales integrales, como las leguminosas nos darán los carbohidratos y las proteínas necesarias que nuestro cuerpo físico requiere para un optimo funcionamiento.

 

5.     Si utilizamos tan sólo, carbohidratos vacíos y pobres como: pan blanco, pasta blanca, patatas... desearemos equilibrarlo en el ámbito energético con proteína más densa, más de origen animal de grasas saturadas. Repercutiendo inmediatamente con el deseo de azúcar refinado.

 

 

6.     También una nutrición pobre en proteínas hará que nuestro cuerpo desee más dulce. Mucha gente queriendo optar por una forma de vida más vegetal, reducen el aporte de proteínas o cambian drásticamente de una alimentación puramente de origen animal a la vegetal. Este cambio brusco, hará que el cuerpo físico desee mas dulce, especialmente refinado y extremo, No llegando nunca al punto de sentirnos satisfechos, ya que el punto de partida o solución esta en otra dirección.

 

7.     También la falta de aceite, producirá unas ansias de dulce. En la dieta mediterránea no existe el problema, incluso a veces se utiliza demasiado aceite.

 

8.     Aunque en la dieta mediterránea, el resultado final de cada plato no es dulce.

Los platos se enmascaran con cantidad de aceite, especies fuertes, vinagres y sal.      Porque será?  Es estupendo poderlo entender a nivel energético: al usar excesivamente productos animales de grasas saturadas, necesitamos los efectos opuestos de vinagres y especies. Aunque para nuestro cuerpo físico no resulte lo ideal, ya que además de cargarnos con cantidades innecesarias de grasas saturadas, nuestro estomago se resentirá.

 

9.     Las verduras son una parte fundamental para dar al cuerpo un buen aporte de dulzor. Para que las verduras nos ofrezcan su máximo dulzor debemos cocinar las verduras de raíz o redondas, poco a poco, con cariño, obtendremos la calidad energética de centro, equilibrio y relajación que tanto necesitamos en nuestras vidas.

 

10.  La fruta fresca nos aligera, nos aporta frescor, depura, su sabor puede que sea dulce, pero no tan intenso que cuando la cocinamos. El dulzor de la fruta cocida a parte de no enfriar tanto, también nos aporta dulzor intenso, más penetrante y que nos relajara y nutrirá.

 

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