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04 de Octubre de 2017
Noticia cedida por Patricia Restrepo

Nutrirnos versus las dietas
Comer es una herramienta nuclear de suma importancia para crear salud en todos los aspectos de nuestra vida, pues es un acto que realizamos como mínimo 3 veces al día, cada día de nuestras vidas. En realidad no podemos controlar todo lo que pasa en el exterior, lo único que podemos controlar es lo que ponemos en nuestras bocas.
 
Es decir, la comida que comemos tiene un poder y una influencia enorme sobre nuestra salud, la salud del planeta y nuestro destino.
 
Hace más de 2.000 años, Hipócrates escribió: “Cada una de las sustancias de la dieta de un hombre actúa sobre su organismo y lo cambia de algún modo, y de estos cambios depende toda su vida, ya esté sano, enfermo o convaleciente”.
 
Es tan obvio como que si no comemos, morimos. La comida es la conexión directa con el medio ambiente, con el aire, con el agua, con el fuego, con la tierra, con la vida.
 
Por esto es determinante lo que elegimos para comer, porque el alimento que tomemos se va a convertir en nuestros pensamientos, en nuestras emociones, en nuestra mirada, en nuestro cuerpo. Creará vitalidad o enfermedad.
 
A esta conclusión sencilla y lógica llegamos cada vez más personas. Sin embargo, debido a haber perdido el eslabón que nos unía intuitivamente con la naturaleza, los seres humanos del siglo XXI vamos perdidos, llamando a diferentes puertas, realizando multitud de dietas, con la esperanza de mejorar nuestra calidad de vida, porque somos conscientes de que está fallando el tipo de combustible que tomamos.
 
Pero la realidad es que en la mayoría de los casos no se está obteniendo una respuesta satisfactoria de las diferentes dietas. Cuando las empezamos nos dan resultados positivos en un primer momento porque, donde hay desorden, cualquier orden que sigamos aunque no sea el más acertado nos va a funcionar por algún tiempo, pero luego todas estas dietas terminan siendo incompatibles con nuestra realidad biológica.
 
Y la pregunta que te haces es: ¿en cuál de estas dietas está la solución? Vemos que todas estas dietas modernas cambian mas rápido que la moda en las pasarelas. Desde mi punto de vista y desde el punto de vista de la Macrobiótica (“GRAN VIDA”), la solución está en volver al sentido común, al respeto por el orden de la naturaleza, a la recuperación de la intuición y la memoria de lo que fuimos y somos como especie.
 
Es muy común escuchar decir “hay que comer de todo” (carbohidratos, lípidos, proteínas, vitaminas y minerales) y estoy de acuerdo. Pero, ¿de dónde obtenemos ese todo? Ahí está la clave.
 
Quien come hidratos de carbono simples (azúcar, cereales y harinas refinadas) se va a sentir atraído por proteína completa (carnes y embutidos). Quien come proteína completa se va a sentir muy atraído por grandes cantidades de líquidos. Quien bebe grandes cantidades de líquidos respira más y más rápido, acortando así su vida, afectando la calidad del sueño y todos los aspectos emocionales y psicofísicos.
 
Quien come hidratos de carbono completos (cereales integrales en grano) se siente atraído por proteína vegetal (legumbres y sus derivados, tofu, tempeh o seitán). Quien come proteína vegetal se siente más atraído por verduras de mar y de tierra, se hidrata con la cualidad de sus vegetales, necesita menos líquidos, respira mejor y la calidad del sueño es reparadora, contribuyendo a su salud y longevidad.
 
Volver al sentido común es hacer una comida variada, basada en cereales como arroz integral, quínoa, cebada, trigo sarraceno, avena, mijo, pastas de buena calidad, cuscús, bulgur y polenta.
 
Tomar legumbres como azukis, garbanzos, lentejas, soja negra, judías pintas, lentejas rojas, tofu, seitán y tempeh.
 
Tomar las verduras que da la tierra en cada estación, teniendo en cuenta incorporar buena cantidad de hojas verdes, tomar una pequeña cantidad de verduras del mar, algas wakame, kombu, hijiki, dulce, arame, nori o agar-agar.
 
Tomar la fruta fresca cuando es dada por la estación, y la fruta seca en época de invierno. Orejones, uvas pasas, manzanas secas, una pequeña cantidad de semillas y frutos secos locales, semillas de calabaza, sésamo, girasol, almendras y nueces.
 
Utilizar aceites de primera presión en frío como aceite de sésamo y de oliva. También una pequeña cantidad de fermentos: sopas de miso, tamari, chucrut o takuan.
 
Utilizar siempre sal marina atlántica sin refinar y bebidas alcalinizantes como té kukicha o bancha.
 
Utilizar los condimentos como potenciadores de las comidas, mostaza, jengibre, hierbas aromáticas y otros naturales.
 
Realizar nuestros postres con bebidas vegetales y endulzados con siropes de cereales.
 
Aprender a cocinar platos variados y coloristas, masticar cada bocado hasta ensalivar bien la comida, agradecer la comida sobre la mesa. Estos gestos sencillos nos llevan a vivir en equilibrio, a estar bien nutridos sin caer en dietas extremas contraproducentes.

Recuerda: la enfermedad, la obesidad y el desequilibrio no se produce por lo que comemos, sino por lo que no podemos eliminar. Una nutrición sin excesos basada en productos ecológicos enteros no deja residuos y crea felicidad.

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